sábado, 23 de agosto de 2014

Capítulo II: Las peripecias de las cariñosas para llegar a USA y si vivieron para contarlo aka. La Fran junta plata

Nos ha costado sangre sudor y lágrimas lograr estar todas arriba de un avión camino al matrimonio. Yo misma no sabía si iba hasta hace como dos meses. Me había rendido porque era una estudiante pobre y desamparada. Creo que le debo hasta mis calzones a la U (porfa no me los vengan a quitar porque de verdad no tengo más pa llevar a USA!). Finalmente vamos casi todas, se nos quedó una en veremos.

Para mí lo que marcó mi ida definitiva fue la compra de los pasajes. Medio obvio en realidad, no podía llegar en burro (tampoco tengo un burro, osea, ni cagando llegaba.) Estuvimos con mi mamá caleta de rato pensando y haciendo gestiones para juntar las lucas. Al final la solución fue muy hijita de mami: ella me pagó el pasaje. A lo pobre, con cuotas y consiguiéndonos una tarjeta visa (si, porque en mi familia nadie tiene tarjetas internacionales. Pavreza.) El pago fue un gran préstamo, claramente. De vuelta del idilio le voy a deber a ella mi otro calzón y ahí sí que no voy a tener ni una weá más pa ponerme. Mami, piedad.

Las chiquillas (no sé si quieren que las nombre, les voy a preguntar antes de) ya tenían sus pasajes desde hace ene y me hinchaban las weas cada vez que me veían para que fuera.
-          Weona pídele plata al este, si de más que te presta.
-          Ay weona por que no vay, tenís que ir.
-          Si weon, si yo también quiero ir, pero no tengo plata weon. Entiende que soy pobre. Soy más pobre que la Botota. Así de pobre soy.
-          Puta la weá, amiga, anda.

Se entiende que con tanta palabra de aliento a una puro le daban ganas de ir. Pensaba en esa weá casi todos los días, con una envidia asquerosa hacia mis amigas que ya tenían su pasaje (si, weonas, las odié a todas sin piedad.) Recuerdo que cuando la Jechu (si?) mandó el whatsapp diciendo que ya había comprado sus pasajes, yo pensé para mis adentros malulos: Maraca! Que genial, amiga, felicitaciones!!… pero, maraca!. Después siguió la Camila y la Maca. Las odié a todas. Una por una, cada vez que decían que ya estaban arriba del avión. Las odié. Les dediqué un pequeño espacio del odio en mi vida. Pero no las odio, esto es para que entiendan que estaba frustrada por no poder ir.

Y bueno, finalmente cuando ya había llorado lo suficiente frente a mis familiares con cara de tía Rica, finalmente mi mamá me dice:
-          Y tú, ¿no piensas ir donde tu amiga?
-          Mamá, ¿de qué estai hablando?, te dije que no tengo plata. Llevo menos de un mes trabajando y mi sueldo va a ser una caca.
-          Ay, pero haz gestión, ¡muévete pos Fran!

Y puta, la Fran se movió. En una semana había hablado con todo el mundo, fui donde mi abuela, le pedí lucas, hablamos con todo el mundo, solo nos faltó pedirle plata a Farkas o a alguna fundación (aló, con Make-a-wish, porfavor?). Todo nos falló magistralmente, claro está. Era casi una tragicomedia. Mi abuela que, en un principio, me había dicho que si me podía prestar, finalmente se retractó porque tenía un problema con un cheque. Bam!, primer cierre de puertas. El problema: nosotras ya habíamos comprado el pasaje. Ding ding! Después pasó el fail de papá:
-          Papá, tengo este plan (hagámosla corta), ¿me prestai 50 lucas pal pasaporte? No tengo y soy pavre (inserte llanto y puchero)
-          Pero hija, ningún problema (abrazo). Yo le presto. El problema es que me pagan a mediados de Agosto.

Fuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu… Nos vamos en septiembre. ¿Qué hago?, ¿a quién le lloro?
-          Mamá, puta, el papá… se agiló. Puta la weá.
-          Ya, yo te paso la plata y después e das lo que él te dé.

Genius. Solo las mamás saben hacer esas cosas inteligentes de papás divorciados. A estas alturas a mi mamá ya no tan solo le debía mis calzones, sino mis sostenes y probablemente un par de calcetines. Puta, la miserabilidad de haber salido recién de la U y tener una pega ahí-no-más. Mamá, decir que te debo la vida es poco  (ya ya, mamonerías a otro lado.)

Finalmente, mamá corre con todos los gastos del viaje mientras yo, pobre recién egresada, me hago las pocas monedas que puedo para subsistir allá. De vuelta del matri voy a ser la mujer más pobre pero más feliz del universo. Suele suceder.


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