Como no todo
el mundo está enterado del viaje, porque no he hecho spam en las redes sociales
(pa eso una tiene el blog, pa hablarle a los amigos imaginarios del mundo sin
intoxicar el feibum), mis compañeros de curso empezaron a organizar una junta
de curso justo para el tiempo que estaremos afuera con mis amigas. Cabe destacar
que somos todas del mismo curso pero nadie se acuerda de nosotras. Qué pena.
Lloremos. No me importa.
Yo estoy
segura que los llamé con la mente. Así poderes mentales brígidos. El otro día
mientras estaba en mi micro favorita (¿?) vi a un lolo con el polerón del
curso, ese clásico bien feito con capucha, cierra y bolsillo de canguro. Ese
mismo que tenía escritos los apodos de los compañeros atrás con todos los
signos del teclado existentes, números y acentos mal puestos. Ese mismo que
tenía la foto de un mono horrible y alguna frase con alusión al copete. Porque
a esa edad todos los weones alumbran que son curaos. No se hagan los larrys,
todos los hicieron. Y se curaban con dos chelas. Más ná.
La cosa es
que mi curso no tuvo polerón. Nos cagaron con la plata y todas esas cosas que
les pasan a los cabros pavos como nosotros. Igual, compañeritos, el polerón
hubiese quedado horrible y probablemente mi nombre hubiese terminado escrito
algo así como: Fr4N. HO-RRI-BLE. La cosa es que vi a este lolo con su polerón y
pensé para mis adentros: “yo ni cagando me hubiese puesto el polerón de mi
curso pa salir a la calle” Y entonces, como me he convertido en una persona
malaonda y burlesca, pensé en poner de estado algo bien cagaonda como: “menos
mal que nos cagaron con la plata del polerón porque nica lo hubiese usado”. No
lo puse, aunque me cagué de la risa sola en la micro (paaaavre).
Que mala, Fran, que cruel. Pico, igual no me lo hubiese puesto.
Que mala, Fran, que cruel. Pico, igual no me lo hubiese puesto.
Y el karma
igual contó po, porque a los dos días de haber tenido pensamientos impuros y
vengativos, mi curso decide armar una junta-reunión-tomatera-asado (chiquillos,
ya estamos grandecitos pa quedar borrachos-vomitones, o no?). Mientras leía
todo lo del “evento” no pude más que cagarme de la risa y pensar en el poder mental
de mi convocatoria inversa. Palosho.
Pucha y se
me vinieron más pensamientos malulos a la cabeza po. Es que es inevitable
frente a este tipo de situaciones. Detallo a continuación mi línea de
pensamientos impíos mientras leía los comentarios:
Es que qué
me interesa ver a estos weones con los que nunca me llevé bien? Ver cómo están
de gordos? Pa eso está Facebook y si, están todos gordos. Ver cuántas guaguas
tienen? Hay harta guagua, chiquillos, mal ahí. Cachar en que siguieron sus
vidas después del colegio? …
Y puta, ahí
solo me cagué de la risa no más.
Compañeritos,
que sepan que los llamé con el pensamiento.