domingo, 30 de junio de 2013




¿Quién es usted para decirme lo que puedo o debo hacer con mi útero?
¿Qué se cree usted para decirme que estoy obligada a ser madre, aunque no sea eso lo que yo quiero?
¿Quién es usted para decirme que no puedo abortar, si eso es una decisión en pareja e inclusive personal?
¿Qué se cree usted para tener inferencias en mis decisiones personales? ¿Se lo he pedido?
¿Quién es usted para decirle a mi mejor amigo que no tiene derecho a casarse aunque ame y que no puede tener hijos aunque los desee?
Yo a él le regalo mi matrimonio por ley, mi útero y los hijos que no tendré para que, aunque no los ocupe, tenga todas esas posibilidades que la vida le niega.
Que usted le niega.
Que su egoísmo le niega.
¿Cree usted que por tener un dios de papel me puede venir a decir a mí  como vivir mi propia vida?


No lo acepto.

Salud por esa amiga que está cumpliendo sus sueños



Recuerdo que cuando éramos más chicas conversábamos acerca de irnos a Estados Unidos, emborracharnos en las Vegas con el grupo de amigas (hicimos un álbum con fotos flaytes, a ese nivel), que un Elvis gordo nos casara por allá en una noche loca. Vivir el famoso American Dream con Ashleys, Joshes y Brittanyes por doquier, comer en Diners, ir al Sunset Boulevard. Pensábamos que sería la raja ir todas. Soñábamos horas con lo que haríamos allá, nos cagábamos de la risa de las cagadas imaginarias, de nuestras locuras virtuales. Luego llegaba ese momento asqueroso de aterizar y empezábamos "Pucha, ojalá podamos" "Puta que saldría cara la weá" "¿Y cuánto sale la visa?". Y ahí tu eras la única que seguía soñando, la que muy dentro suyo sabía que esta vida sudaca no era lo suyo. Querías irte en cuerpo porque tu mente, tu alma y tu corazón ya estaban a kilómetros de distancia.

Y puta que luchaste, amiga, por llegar donde estás ahora. Todas sabemos que fue difícil, que casi no lo logras, que había tantas cosas que te jugaban en contra que el camino se te hizo bien cuesta arriba. Pero el destino te tenía listo un lugar en el país de tus sueños, allá donde no existen las 'eñes' que a nosotras nos sobran. Te fuiste, nos dijiste que no te echáramos de menos porque ibas a volver, que un año se pasa volando y que daba lo mismo porque siempre estaríamos en contacto. En tu cara había expectación y en las nuestras esa pena que se agolpaba por salir. Esa que nos decía que no ibas a volver. Que tu vida sería mejor allá. Desde el primer día sabíamos que ese era tu lugar y que cuando llegaras allá sería para nunca regresar. Cuánta razón teníamos...

Cuando por fin nos dijiste que te quedabas allá en nuestras cabecitas comenzó al entendimiento. Aunque siempre lo supimos, era difícil aceptarlo a cabalidad. Siempre conversábamos de las ganas locas de tenerte en nuestras juntas "¿Qué cara pondría la Montse con esta música?" "Si, eso hubiese hecho la Montse, jajajajaja!" "¿En que estará ahora?". Esas ganas de abrazarte, de verte aunque sea un minuto. Esa weá humana de la presencia po! Pero al final siempre nos ganaba ese maldito buen entendimiento y resumíamos que preferíamos verte allá feliz que acá sin oportunidades. Tu desarrollo siempre nos importó más que nuestra pena, maldito amor de amiga.


Y ahora, te vas a casar!
No creerías lo felices que estamos. Es algo absolutamente desbordante. Tu nunca lo quisiste asumir, pero yo siempre te vi casada con 2 niños rubios parlanchines corriendo por la casa. Y ahora el American Dream está casi listo. Debe ser aterrador, tanto en tan poco tiempo. Pero solo me queda claro que todo esto y más es simplemente lo que mereces tener, por ser una mujer tan aguerrida, tan luchadora. Tu no sabes todo lo que te admiro. Poner tu vida en una maleta, irte y hacerte de a poco un espacio en ese país al que siempre quisiste llegar. Era tu destino, ese país, esa casa, ese hombre que hoy te dice que te ama y que no quiere que te vayas de su lado. El maravilloso universo de oportunidades que, estoy segura, en este país de mierda no hubieses tenido.

Amiga, se feliz. Se tan feliz como te permita el corazón. No tengas miedo nunca de decirle que sí a las oportunidades, ya nos diste la lección de que si tenemos la oportunidad tenemos que tomarla sin cuestionarnos. Tu nos has enseñado tanto de la vida, aunque no lo creas, eres un modelo a seguir, amiga. Eres la mujer más asombrosa que conozco en la vida. 


Te amo sin peros, sin tiempo y sin espacio.